"Hay que tratar al vellón con cariño"... dice Marisa, mientras delicadamente envuelve trocitos de jabón con distintas hebras y colores.
Suave y despacito, van mojando de a gotitas, con agua jabonosa, el paquetito de jabón y lanas.
Las chicas colaboran atentas a sus indicaciones.
Tratando de que cada detalle de color quede en su sitio.
Acarician y amasan, mientras que el jabón, va girando en sus manos.
Cuando logra espumar, se retocan los trocitos de color que se hayan movido, y se
escurre, presionando con mucho cuidado.
Una vez logrado el diseño pensado, se deja secar.
Aquí vemos una gran producción, lista para la venta.
Recursos para juntar fondos, y llegar al tan esperado viaje de egresados de fin de año.
Sin duda, el cariño y la calidez se puede traducir de muchas formas y es evidente al ver los productos terminados...
Por cierto, la suavidad no es mi técnica, ya que "asesino a pinchazos" cada jabón que enfieltro...
Aguja y punzón, mis armas.
Otra forma de hacer catarsis y descarga, socialmente aceptable, en estos tiempos violentos...
De paso, me inspiro en algún mandala, y dejo que mi conciencia busque otros niveles menos densos y más pacíficos.
